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El trabajo en red y colaborativo así como la inmensa cantidad de conocimiento que pueden compartirse a través de los medios digitales están dando origen al surgimiento de espacios de innovación, conocidos como makerspaces en donde sus miembros están realmente apasionados por investigar y emprender con altas dosis de innovación.  

Lejos de “encerrarse en un garaje”, estos emprendedores está ávidos por compartir sus ideas, trabajar de manera descentralizada e intercambiar experiencia con sus pares. Además, trabajan en base a las últimas tendencias de la industria, tales como el prototipado rápido de productos y la incorporación de metodologías ágiles. Así es como logran materializar en tiempo récord diversos prototipos de soluciones tanto para el uso industrial como doméstico.  

Si bien el concepto de estos centros llamados fab labs no es nuevo, ya que surgió en el Centro de Bits y átomos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en el año 2001, recién ahora se ven mucho más casos en la Argentina y en otros países. Incluso hoy existe una red mundial de fab labs en el mundo, que cuenta con unos 450 laboratorios. Por otro lado, la difusión de estos laboratorios de fabricación digital en espacios educativos hizo que la generación millennial se convierta en entusiasta de la filosofía y la práctica maker.  

En líneas generales, estos laboratorios digitales cuentan con impresoras 3D, herramientas para realizar trabajos manuales, de diseño audiovisual y, por ejemplo para colaborar a distancia. Por supuesto, no pueden faltar  equipos electrónicos como Raspberry Pi y Arduinos. Todos ellos son utilizados por profesionales interdisciplinarios entre los que se destacan los programadores.

Gran aporte social

Un caso concreto de este paradigma en nuestro país es el programa Impacto Digital. Se trata de un proyecto que busca, con el apoyo de GlobalLogic como Main Sponsor principal, introducir el uso de la tecnología para ayudar a las organizaciones sociales, con el fin ayudar a millones de argentinos. A partir de una idea creada por Alfonso Aguilera junto a Surcos, Enseña por Argentina, Techo y el Ministerio de Desarrollo Social de Nación, el programa tiene como objetivo crear espacios colaborativos, donde se pueda articular y generar sinergia entre el sector público, privado y social con el fin de crear nuevas soluciones tecnológicas que mejoren la calidad de vida de los sectores más vulnerables.

Partiendo de 4 desafíos tecnológicos con un potencial impacto en más de 10 millones de personas, se convoca a un concurso donde se seleccionarán jóvenes para que se capaciten gratuitamente en tecnología aplicada al sector social y participen del diseño de las soluciones. Las inscripciones estarán abiertas a jóvenes de 18 a 28 años de edad.

 

Este tipo de iniciativas son muy interesantes ya que las ONGs tienen al alcance de la mano las nuevas tecnologías para aumentar su impacto en la sociedad mediante distintos tipos de acciones, entre ellas, crear aplicaciones móviles que le permitan a cualquier persona realizar su donación con un solo clic, desde su smartphone.  

 

Sin dudas, la tecnología por sí sola no tiene demasiado sentido, sino que siempre hay que pensar en sus casos de aplicación. Puntualmente, los makerspaces han entendido este concepto y de ahí su veloz crecimiento por distintas latitudes para resolver distintas problemáticas que afectan a distintos sectores de la humanidad.