Por Jim Walsh.

Veamos un ejemplo concreto y actual sobre una aplicación basada en los conceptos de la Internet de las Cosas. De esta manera podremos conocer cómo es que funcionarán estos sistemas en el futuro. La gran mayoría de los ejemplos que se brindan para IoT giran en torno a una “taza de café inteligente”, o de electrodomésticos con sensores. Si bien estos son ejemplos válidos, se enfocan demasiado en el aspecto de las “Cosas”, que es tan solo una parte de la IoT. Lo revolucionario de la Internet de las Cosas son los sistemas que se entrelazan a partir de las cosas. A medida que pase el tiempo, estas las aplicaciones avanzadas de IoT impactarán nuestra vida tan profundamente como lo hicieron las innovaciones de la web 2.0. Como veremos a continuación en nuestro ejemplo, esto ya está sucediendo en la actualidad.

Uber es una aplicación móvil que conecta personas con taxis y autos de alquiler. Tal vez no es el ejemplo más obvio para un sistema de IoT, pero creo que es un excelente caso de éxito, y nos muestra el futuro de estas plataformas. Además, tiene la ventaja de ser un sistema actual y rentable, que ya tiene un impacto concreto sobre el mundo real. Elijo intencionalmente un ejemplo sobre el que no tengo un conocimiento interno, de esta forma no revelaré ningún secreto. Esto también significa que especulo con algunos de los detalles de la implementación, pero supongo que no estoy tan lejos de la realidad.

Esta es la manera en que funciona Uber en la actualidad. En primer lugar debemos descargar la aplicación desde la tienda del sistema operativo, y luego registrarnos con una tarjeta de crédito. Los pasos son los siguientes.

1. Cuando necesitamos un taxi, iniciamos la aplicación desde un dispositivo móvil.
2. La app de Uber nos muestra nuestra ubicación en un mapa, junto con la ubicación de todos los autos que podemos llamar. Además nos muestra el tiempo estimado para la llegada del vehículo. En mi caso, fue de apenas dos minutos.
3. Mientras miramos el mapa, la ubicación de los autos cercanos se actualiza en tiempo real.
4. Podemos introducir nuestro destino y obtener un precio estimado incluso antes de llamar a un auto. En mi caso, el costo fue de 23 a 31 dólares para un viaje de 25 minutos.
5. Una vez que decidimos llamar un auto, presionamos un botón para confirmar nuestra ubicación. En este punto podemos indicar nuestras coordenadas actuales o definir una ubicación cercana.
6. Cuando el viaje está confirmado recibimos el nombre del conductor y una descripción general del auto, que incluye el color y el número de licencia. A partir de este momento veremos el auto en el mapa, acercándose en tiempo real en nuestro dispositivo móvil. La reputación del conductor, en estrellas y comentarios, aparece junto con esta información.
7. En este punto la app nos muestra un contador y nos indica constantemente dónde está el auto que contratamos. También tenemos una opción para intercambiar mensajes con el conductor, que puede ser útil si cambiamos de planes. Cuando el auto llega recibimos una notificación en el teléfono.
8. Una vez dentro del vehículo, el conductor ya tiene toda nuestra información, y recibe instrucciones paso a paso para llegar a nuestro destino.
9. Cuando llegamos a nuestro destino simplemente agradecemos el viaje. No hay necesidad de pagar, dejar una propina o siquiera sacar el teléfono del bolsillo. La propina está incluida en el precio, y el costo del viaje se debita automáticamente de la tarjeta de crédito. Luego recibimos un correo electrónico con un recibo de la operación.

Y eso es todo. Puedo invocar un auto con apenas unos clicks, y sin utilizar dinero o sacar el teléfono del bolsillo. Hay múltiples arrugas y refinamientos. Por ejemplo, podemos elegir el tipo de auto que nos interesa (taxi, limusina o auto personal), lo que se ve reflejado en el precio que pagamos. También es posible calificar al auto y al conductor, compartir la tarifa y otras herramientas para el pasajero. Los conductores también pueden calificar a los pasajeros, y reciben recomendaciones sobre los lugares más requeridos. Todos los conductores y pasajeros con los que hablé están de acuerdo en que el sistema funciona muy bien. Y además es realmente rentable. Uber gana su dinero mediante una comisión del 20% en los viajes, que significó una ganancia estimada de 220 millones en 2013, en un total de transacciones de 1,1 mil millones.

Uber es un buen ejemplo de la Internet de las Cosas por múltiples aspectos. En primer lugar, es importante tener en cuenta el rol central que juegan tanto la ubicación del auto como la del pasajero, y la naturaleza en tiempo real de esta información. El chip de GPS, en conjunto con otros sistemas de posicionamiento, permite identificar las coordenadas de cualquier dispositivo móvil. Si bien estos sensores están contenidos dentro de los teléfonos inteligentes, son los mismos que se utilizan para la Internet de las Cosas. En el caso de Uber, las “Cosas” son los sensores de los dispositivos móviles de pasajeros y conductores. La “Internet” en este caso es la interconexión de cada sensor, mediante el smartphone, con el cerebro y la memoria en la nube de Uber.

Creo que es revelador que muy pocos consideren a Uber como un ejemplo de la Internet de las Cosas. Es un caso en el que lo importante no son los dispositivos, sino las personas involucradas, esto es, los pasajeros y los conductores. Lo que sucede es que los dispositivos móviles, junto con sus sensores, se han vuelto parte de nuestra vida cotidiana. Tenemos una tendencia a concentrarnos en las personas y a las necesidades humanas, como el transporte. En el futuro de la Internet de las Cosas, nuestras necesidades estarán siempre en el centro.

Continuando con nuestro análisis de Uber, una vez que la aplicación se lanza, los sensores de geolocalización de los dispositivos envían su información a un sistema que se aloja en la nube. Cuando llamamos un auto, nuestro dispositivo envía un mensaje a la nube de Uber, indicando que la persona X, en tales coordenadas, quiere un auto que lo lleve a destino.

Cuando recibe un pedido de este tipo, la nube de Uber utiliza analíticas en tiempo real para determinar el vehículo ideal para el pasajero. No tengo los datos específicos de sus algoritmos, pero funcionan combinando la proximidad geográfica con el tiempo estimado de viaje, la reputación de los usuarios involucrados y otros factores. La mayoría de esta información se procesa en un instante, utilizando los datos más frescos de los dispositivos móviles de pasajeros y conductores. Cierto porcentaje de esa información, como las tarifas, se procesa de acuerdo a un cronograma, y no necesariamente en tiempo real.

El resultado neto es que un auto es asignado rápidamente a un pasajero, aproximadamente en una décima de segundo. Como ciertos factores complejos son calculados de antemano, el sistema puede utilizar métricas sofisticadas para mejorar el valor de las decisiones de negocio. En teoría, esto permite una mejor gestión de las decisiones a una velocidad impresionante. Una vez que el sistema obtiene un resultado, es puesto en efecto. En el caso de Uber, esto toma la forma de una notificación hacia el conductor, que le notifica del pedido del pasajero.

Otras aplicaciones de la Internet de las Cosas tienden a seguir una arquitectura similar a la que describimos para Uber:

1. Los pedidos, además de la información de sensores y humanos, son transmitidos a un sistema en la nube.
2. Un subsistema de decisión veloz procesa las observaciones y los pedidos rápidamente.
3. Este subsistema de decisiones utiliza el contexto que le provee el sistema principal, que analiza múltiples fuentes de información.
4. Apoyándose en el contexto, el sistema de decisiones inicia una acción, como puede ser el envío de una notificación.
5. Otras acciones complejas pueden ser iniciadas para el análisis, como es el caso de la reputación o los premios.

Si bien este patrón se adapta muy bien a la Internet de las Cosas, también puede utilizarse en múltiples situaciones. Siempre que una acción deba ser contextualizada en respuesta a un flujo de información, este enfoque será muy útil. Encontramos que los elementos de esta arquitectura IoT son excelentes para los ámbitos de la publicidad móvil y la seguridad informática, por ejemplo.

La clave de la Internet de las Cosas es la habilidad de ubicar la información y los pedidos en un contexto, y luego responde a ellos de manera inteligente. Cuando estas observaciones provienen de sensores, la etiqueta de IoT casi siempre aplica. Pero el corazón de cualquier arquitectura IoT es la habilidad de responder inteligentemente a eventos mediante las decisiones autónomas de un sistema. En el caso de Uber, el corazón de su negocio es la habilidad de su nube para asignar pasajeros y conductores de manera inteligente. Cuando hablamos de la Internet de las Cosas, lo importante no son solo las “Cosas” interconectadas, sino la inteligencia generada en base al contexto de la información.