Por Jim Walsh.

Un término como La Internet de las Cosas (IoT) puede ser sobreutilizado y perder todo su sentido. Aquellos de nosotros que presenciamos el nacimiento de la “Web 2.0” conocemos muy bien esta situación. En retrospectiva, el resultado de este movimiento fue la Internet interactiva, que es como la conocemos hoy: Twitter, YouTUbe, Facebook y blogs, entre otros servicios. En el mundo de la tecnología, una vez que algo se vuelve exitoso se transforma en la manera “natural”, y ya no necesita un nombre particular. Creo que veremos un fenómeno similar alrededor de la Internet de las Cosas: una vez que haya transformado el mundo, ya no necesitará un nombre, y simplemente será el estado de la tecnología.

En esta serie de notas discutiremos el concepto de IoT, las razones de su progreso, y cómo cambiará el mundo aun más profundamente que su predecesor, la Web 2.0.

Internet evoluciona rápidamente, permitiendo que todas las personas del planeta puedan conectarse mediante diversos dispositivos de computación. Con la llegada de equipos móviles inteligentes y cada vez más accesibles, el acceso a Internet se ha acercado a la ubicuidad en esta última década. Para este año, más de 40% de la población mundial (unos tres mil millones de personas) cuenta con acceso a la red. En el grupo de países industrializados comúnmente llamados G5 (Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia y Japón), más del 85% de las personas tienen acceso a Internet, y el resto del mundo no está tan lejos.

En la medida que el costo de la computación y del almacenamiento ha disminuido drásticamente, sumado a la conectividad inalámbrica, las tecnologías buscan enlazar no solo a personas, sino también a las “cosas” a través de Internet. En este sentido, IoT describe lo que muchos consideran como la siguiente evolución de Internet. La visión de IoT es que los elementos del mundo físico tendrán una presencia en Internet, así como más de mil millones de personas hoy tienen una presencia en Facebook. De esta manera, un objeto como una cafetera puede volverse inteligente, y notificarnos del estado de nuestro café a través de la web.

El concepto de objetos físicos comunicándose entre sí mediante Internet no es necesariamente nuevo. Cuando hablamos de “personas” en la red, solamente lo hacemos de una manera figurada. Son en realidad nuestras máquinas (sean notebooks, desktops o dispositivos móviles) las que están conectadas y no los humanos mismos. Internet ya está compuesta en su totalidad por “cosas”; y las utilizamos como medios de comunicación y alter egos. Entonces, ¿qué es lo que está cambiando? Cuando hablamos de la Internet de las Cosas, lo que implica es que los dispositivos mismos comenzarán a tomar un rol hasta ahora reservado para los humanos. Particularmente, los dispositivos crearán y aprovecharán enormes cantidades de información que circulará por Internet y que no requerirá la intervención de los humanos. Cada vez más, estos objetos inanimados se comunicarán directamente, tomarán decisiones y acciones autónomas, y luego utilizarán la web para dirigirse a nosotros.

Esto todavía no ha sucedido a gran escala. En la actualidad, y en transcurso de la historia de Internet, las personas crean la mayoría del contenido tipeando, escaneando, hablando, grabando, fotografiando y filmando, entre otras posibilidades. En 2012, solamente el 30% de toda la nueva información era generada por máquinas como sensores, logs de computadoras y cámaras de seguridad. El restante 70% era creado por personas, directa o indirectamente.

No toda esta información está disponible mediante Internet, pero esta situación cambiará en la medida en que el mundo se interconecte. La tendencia indica que la información generada por máquinas superará a aquella que crean los humanos en los próximos años. Esto es así porque la cantidad de cosas dentro de Internet comienza a superar el número de personas. Según estimaciones, en el 2014 habían aproximadamente el doble de dispositivos conectados a Internet.

La idea de comunicación máquina a máquina es central a la Internet de las Cosas, pero los conceptos no son la misma cosa. M2M puede considerarse como una llamada de un punto a otro, mientras que IoT es más similar a una entrada de un blog, en la que la información es persistente y puede ser accedida por cualquiera con permisos. La diferencia es que en la información entre humanos, la inteligencia reside en la persona realizando, leyendo o respondiendo a cierto contenido. En la Internet de las Cosas, la inteligencia se encuentra en la red o en el dispositivo mismo. Es esta inteligencia la que le otorga sentido a los datos entregados por sensores, y la que decide la manera en la que actuar.

Está claro que algunos de estos dispositivos se volverán cada vez más inteligentes, como pueden ser los autos. Sin embargo, en muchos casos el cerebro de la Internet de las Cosas no estará en el dispositivo, sino en la Internet misma. O, mejor dicho, en la computación en la nube. Muchos objetos cotidianos ganarán capacidades sensoriales, y aprovecharán Internet para comunicar lo que sienten. En 10 años, las tazas posiblemente tengan un sensor para medir la temperatura del café, otro de presión para determinar la cantidad de líquido, e incluso conectividad y una fuente de energía. Todo esto no califica como un cerebro, sin embargo.

Los cerebros estarán en las nubes. Este enfoque permite enlazar la información de múltiples sensores, lo que abre la puerta a comportamientos complejos y realmente interesantes. También permite aprender de comportamientos pasados, y realizar relaciones con otras situaciones. Al mantener dispositivos con sensores pero sin cerebros, los sistemas pueden ser rápidamente actualizados sin generar conflictos en el resto de la red.

En la medida que el costo del almacenamiento y del procesamiento siga disminuyendo, como predice la Ley de Moore, la inteligencia será distribuida entre cada vez más dispositivos. Si miramos hacia más adelante, incluso dispositivos descartables podrán volverse inteligentes. Sin embargo, por ahora, los equipos genuinamente inteligentes no representan la esencial de la Internet de las Cosas. Esta esencia está en los sensores distribuidos y dispositivos interconectados, con un cerebro en las nubes cada vez más inteligente y con capacidad para actuar sobre la información en tiempo real.