Por Sofía Alvarez Beroqui

Las organizaciones atraviesan en la actualidad procesos de cambio estructurales. Junto con la digitalización y la zigzagueante situación económica, se encuentran frente a un escenario laboral único en el que convergen cuatro generaciones: Baby Boomers, Generación X, Millennials y Centenials. Esta diversidad puede significar una dificultad o una inestimable ventaja, dependiendo de cómo se la administre.

Los Baby Boomers, que tienen entre 50 y 68 años, fueron los primeros en familiarizarse con la computadora como herramienta de trabajo. Comprometidos con su vida profesional, le dedican muchas horas y valoran el status. Trabajan bien en equipo, sobre todo como mentores, lo que fomenta su gratificación y autoridad.

La mayoría de los líderes y gerentes pertenecen a la Generación X, que van entre los 36 y 49 años aproximadamente. Marcados por la llegada de Internet, son los más adaptables al cambio. Necesitan independencia, actúan con pragmatismo, estabilidad y se motivan a sí mismos.

Los Millennials son la generación más observada actualmente, ya que revolucionaron las áreas de Recursos Humanos y representan el presente del mercado laboral. Tienen entre 18 y 35 años, son digitales, altamente sociables y demandan colaboración y flexibilidad.

Por último, la fuerza de trabajo del futuro: los Centenials. Son menores de 18 años, emprendedores, autodidactas y mucho más críticos. La inmediatez y la globalización son sus características innatas.

Al respecto, el Director Ejecutivo de GlobalLogic, Diego Santillán, considera que tanto las acciones como los beneficios deben estar orientados a los intereses de cada grupo etario. “Mientras la Generación X se encuentra movilizada por una sensación de deber y se la puede incentivar con programas acordes (como planes de prepagas o esquemas de vacaciones prologados), a los millennials sólo los impulsa la motivación. Hay que buscar la mejor manera de estimular a cada grupo, trabajando integralmente desde tres áreas: motivación y aprendizaje, flexibilidad, y una comunicación participativa”.

Entre las posibles estrategias a desarrollar se encuentra aplicar una comunicación horizontal que suscite vínculos, autoaalimentación, y reconocimiento; lo que puede servir también para difundir las metas de la organización, generando identificación y compromiso. Otra técnica motivacional consiste en canales digitales de aprendizaje doble vía. O en implementar la flexibilidad, no sólo en los horarios, sino desde el espacio físico (con oficinas abiertas, áreas de descanso o posibilidades de viajar).

Reconocer las aspiraciones, motivaciones y hábitos es el paso fundamental para lograr una integración positiva, ya que cada grupo etario se aproxima de forma distinta al trabajo y exige diferentes dinámicas. Descubrirlas es un desafío pero también una necesidad, teniendo en cuenta que las personas son el activo más importante de cualquier compañía.

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