Con más de 2.5 mil millones de teléfonos y 5.8 millones de apps, el mercado móvil se muestra como un escenario consolidado y competitivo para las compañías.

Franco Ventrice trabaja por su cuenta. Si bien está terminando la carrera en ingeniería en la Universidad Tecnológica Nacional, hace ya varios años se desempeña como desarrollador independiente de aplicaciones Android para distintas compañías. Con la falta de profesionales, a la industria de software no le importan los títulos, sino el talento. Él, como tantos otros desarrolladores, se ocupa de la demanda creciente de soluciones móviles de un mercado en constante crecimiento.

Esta necesidad se refleja en los números: el sitio de estadísticas Statista asegura que 2019 terminará con 2.5 mil millones de usuarios de smartphones a nivel global. Estas cifras no hacen más que aumentar, con el 36 por ciento de la población mundial con un teléfono inteligente en su bolsillo.

“Es importante entender el negocio, ver qué quiere el cliente, cómo funciona el contexto donde se usa la app, y comprender qué funcionalidades útiles podría tener para cumplir con sus necesidades. Lo ideal es tener todo documentado, bien definido y validado con el cliente, en lo posible que no queden grises”.

Además del diseño centrado en el usuario y la experiencia existen otros desafíos. “Uno de ellos es el Time to Market: iniciar un proyecto de desarrollo muy largo es riesgoso en muchos aspectos. Las condiciones del mercado pueden cambiar, los presupuestos de las empresas y la financiación del proyecto pueden alterarse y existe el riesgo de que el producto desarrollado no tenga una buena recepción de los usuarios“, explica Gabriel Kotliar, CTO de GlobalLogic Latam.

Asimismo, para el CTO es crítico poder liberar versiones del producto regularmente empezando por un “Producto Mínimo Viable” (o MVP, por sus siglas en inglés) que permita tomar contacto rápidamente con la realidad y ajustar la dirección en la que va el proyecto de la app. Como dice el dicho popular, “equivócate pronto, equivócate mucho”.

A pesar de que esto parezca relativamente simple de comprender, es muy complicado de implementar. Hay que ejecutar el proyecto utilizando metodologías que permitan tener una forma de trabajo dinámica y poner mucho foco en la calidad del desarrollo para que soporte la variabilidad que el negocio necesita utilizando tecnologías y técnicas como integración y delivery continuo, testing automático y arquitectura evolutiva“, suma el CTO.

Con grandes desafíos por delante, tanto las empresas que desarrollan aplicaciones, los desarrolladores que las llevan adelante y las compañías que quieren implementar soluciones móviles buscan encontrar un norte en aguas agitadas. En esta turbulencia, la pregunta que surge es siempre la misma: ¿Cuánto sale una aplicación y cuánto puede demorar?

La respuesta correcta, para ambas variables, es “depende”: cantidad, tamaño y complejidad de las funcionalidad a desarrollar.

“En general, el costo de las aplicaciones está directamente relacionado con la cantidad de tiempo que lleva el desarrollo. Es importante considerar en este caso que la forma en la que desarrollamos aplicaciones en GlobalLogic apunta a tener un MVP en producción lo más rápido posible y esto permitiría que el producto genere ingresos a la compañía en un corto tiempo y, de alguna forma, financie su propio desarrollo”, explica Kotliar.

Una aplicación simple se puede desarrollar aproximadamente dos meses (siempre con iteración de nuevas versiones), siempre y cuando se vea una respuesta de los clientes. Aplicaciones más grandes pueden requerir un tiempo inicial más largo como diez o 12 meses y llegar a tiempos finales de desarrollo de varios años en el caso de aplicaciones corporativas.

Por parte de los costos, la tecnología que se utilice es un factor clave ya que, por ejemplo, si se utiliza tecnología open source, no existirán costos de suscripción ni licencias, mientras que se si se va por herramientas con suscripción, habrá que considerar diferentes variables.

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